Mis pacientes y yo. Más allá de una relación profesional

Mis pacientes y yo

Mis pacientes y yo. Más allá de una relación profesional

La mayoría de la gente tiene una idea ‘muy limitada’ de la función del enfermero o enfermera. Piensan que simplemente administramos un tratamiento médico prescrito por un doctor, pero nuestra labor va mucho más allá de una relación profesional sanitario-paciente y esto es lo que hoy os quiero contar con el caso de Carmen, una de mis pacientes.

Carmen es una canaria de 89 años que tras quedarse viuda se trasladó a Madrid a vivir al mismo bloque de viviendas donde vive su hijo en el barrio de Chamberi . Vive sola y su hijo no puede estar con ella todo el tiempo que le gustaría debido a sus obligaciones profesionales. En uno de estos momentos de soledad durante el mes de marzo Carmen tuvo un accidente doméstico y se fracturó la cadera.

Estando hospitalizada comenzó la pandemia. Así que el alta hospitalaria se aceleró y necesitó de mi ayuda profesional para cuidar su evolución y recuperación. Desde entonces ella se siente tranquila y reconfortada con mis visitas diarias

Los cuidados que me ocupaba de realizar al principio eran: tratar la herida quirúrgica y realizarle la higiene personal necesaria en la propia cama.

Además, tenía que administrarle una inyección subcutánea  de un anticoagulante para evitar trombos debido a la inmovilidad. Posteriormente llegó el momento de la retirada de puntos de sutura de la herida y la recuperación progresiva de la movilidad.

Poco a poco, gracias a mi apoyo, pudo volver a caminar por la casa y a utilizar ella misma la ducha.

Actualmente lo que hago es un seguimiento general de las patologías asociadas a su edad. Todavía le ayudo durante la ducha y le controlo las constantes vitales como la tensión arterial y los niveles de azúcar en sangre.

Según sus propias palabras ella me suele decir: “Antonio, aunque ya me encuentro muy bien de la cadera quiero que continúes viniendo todos los días porque eres muy simpático y me haces mucha compañía. La soledad es muy mala y la mañana es muy larga”

Carmen se siente muy sola por las mañanas y para ella la hora que está conmigo le ayuda a afrontar el resto del día con más alegría y energía.

 El caso de Carmen es el de tantos otros mayores que me encuentro cada día en Madrid y que se encuentran solos en una gran ciudad.

Se trata en general de personas de la tercera edad, que se han quedado sin su compañero de vida y con hijos en la ciudad pero que sus trabajos por diferentes circunstancias no les permiten visitarlos todo lo que necesitan así que buscan profesionales que se ocupen no sólo de sus cuidados médicos sino de gran parte de sus necesidades emocionales haciendo que se sientan más acompañados. Buscan algo más que un simple cuidador, un profesional sanitario con formación y experiencia pero que además sepan empatizar y acompañar al anciano/a.

A lo largo de mis meses como enfermero a domicilio me he dado cuenta de que para muchas personas lo más importante no es solo la calidad de mis cuidados médicos, sino hacerles sentir acompañados, seguros y reconfortados gracias al trato cercano y afectuoso. Cada día agradezco infinitamente a mis pacientes el cariño que me dan y lo mucho que me enseñan, algo que me alienta en este camino de mejora continua. Hacen de mi un enfermero mejor, una persona mejor.