Mis pacientes y yo. Acompañar y escuchar es gran parte de mi trabajo

Acompañar y escuchar

Mis pacientes y yo. Acompañar y escuchar es gran parte de mi trabajo

En mi afán por que descubráis algo más sobre mis pacientes y sobre mí hoy os traigo un testimonio de otra de mis pacientes que, sin lugar a duda, ha marcado mi experiencia como enfermero a domicilio. Se trata de Luisa. Luisa es una viuda de 83 años, su marido fue practicante y hasta que falleció era él quien le administraba las vitaminas y todos los medicamentos que necesitaba tal y como ella misma me cuenta.

Mi paciente Luisa

Luisa vive en el popular barrio de Usera en Madrid, dispone de seguridad social y seguro médico privado gracias a que su marido se encargó de contratar y pagar puntualmente, pero ninguno de los dos la ofrecen el servicio de un enfermero a domicilio como ella desea.

De momento no tiene problemas de movilidad y puede ir caminado al centro de salud por lo que la seguridad social no le presta este servicio ya que no tiene ningún grado de dependencia reconocido.  Por otra parte el seguro privado no le da el servicio que ella espera y se queja de ser un servicio lento e impersonal “les llamas un lunes y vienen a los 3 días cuando tienen tiempo, además te lo hacen rápido y mal, casi no te miran ni a la cara” 

Luisa me llama por la comodidad, la confianza y la seguridad de saber que cada día 23 del mes estoy en su casa para administrarle la vitamina B12 que necesita ya que, debido a su edad, la mucosa de su estómago no la absorbe adecuadamente.

Además de realizar este servicio siempre me quedo un rato con ella para comprobar cómo sigue. Yo le cuento cómo va mi día y ella me explica que su nieta vive en Valladolid y que tiene un novio que juega al fútbol y que es un chico muy majo etc

Después de 30 minutitos de charla me despido de ella con dos besos y ella siempre me dice: “Antonio, esto no lo hace el chico de Sanitas que venía antes! “

Una de las cosas que me enseña mi profesión cada día es que los cuidados de enfermería los precisan todo el mundo independientemente de su poder adquisitivo. Desde que naces hasta que falleces, en cualquier momento de la vida puedes necesitar un enfermero a tu lado.

Como enfermero a domicilio estoy convencido de la necesidad de ayudar a los demás y comprometido con el reto de cuidar y de enseñar a cuidarse. Lejos de ser una relación meramente profesional las atenciones, cuidados y apoyo moral que proporciono a mis pacientes hacen que ame mi trabajo cada día más.